sábado, 11 de diciembre de 2010

PALABRAS DE BIENVENIDA AL II CONGRESO VENEZOLANO DE ECOLOGÍA SOCIAL

Reconozco profundamente la responsabilidad, sensibilidad y entrega voluntariosa y entusiasta de quienes han hecho realidad este histórico encuentro de seres especiales. Siempre nos acompañó la fe en quien creó todas las cosas, a pesar de las limitaciones de orden material.

Todo gran proyecto de vida tendrá también grandes obstáculos en el transcurso de su ejecución, éste no ha sido la excepción, pero hemos vencido todos los que se han presentando. Así como en la primera edición de este congreso, nunca dejamos de creer que lo podíamos lograr y lo logramos. Quiero pedirles que se pongan de pies todos y todas, quienes sientan que son parte de este gran éxito.

Gracias por asumir junto a nosotros este titánico reto de introducirnos como país en el gran debate que la mayoría de las naciones conscientes están dando en la actualidad, ante los acelerados cambios que sufre el Planeta por causa de nuestra irracionalidad e irresponsabilidad en el desempeño como mayordomos de esta maravillosa creación.

Gracias por el tremendo esfuerzo de quienes hicieron un alto en el camino, en sus múltiples ocupaciones y vinieron desde distintos lugares de Venezuela, para ser testigos del despertar de nuestro pueblo, que anhela vivir en paz, en democracia, en libertad y en armonía con la madre naturaleza.

Quiero expresar gratitud a quien me ha enviado a este hogar terrenal, hecho de su misma substancia, a su imagen y semejanza, sí, a ese mismo Dios que creó este maravilloso ecosistema, con todos los elementos suficientes para embellecer la vida.

Agradezco a mis buenos padres por lo que soy y puedo llegar ser. A mi siempre bella esposa, compañera eterna de todos mis días. A mis dos maravillosos hijos, frutos del amor verdadero y mi única posibilidad de trascender de este mundo.

A mis viejos y nuevos amigos por creer que podíamos llegar a este momento. Al Dr. Eduardo Fernández, y demás directivos y trabajadores del IFEDEC, por abrirnos las puertas de estas hermosas instalaciones, en donde pernocta para siempre el espíritu educador y libertario de Arístides Calvani; a las importantes autoridades gubernamentales hoy presentes aquí por asumir el propósito de nuestra silente lucha. A mis compañeros de Brújula Ecológica por compartir el mismo ideal de transformar nuestra sociedad, por una auto sustentable y auto sostenible. A todos los ecologistas y ambientalistas de Venezuela por contribuir con su dedicado esfuerzo individual y/o colectivo, a la construcción de una nueva cultura ambientalista en nuestro bello país.

Gracias a quienes aun sin conocernos, confiaron en nuestra convocatoria y hoy se encuentran aquí, atraídos por una nueva oportunidad, una nueva esperanza, una nueva visión, para seguir creyendo que en Venezuela es posible restablecer el Estado Social de Derecho y de Justicia, y en la futura asunción al poder de líderes sensibles al tema ambiental, que contribuyan a la instauración de la Justicia Social Ambiental.

Les hemos convocado a este II Congreso venezolano de Ecología Social 2010, para pedirles que nos acompañen a reconstruir la confianza en nosotros mismos, en el nuevo liderazgo emergente, representado por los verdes venezolanos que nos encontramos hoy aquí, así como en toda Venezuela, dispuestos a hacer nuestro modesto aporte en la construcción de una filosofía de vida, que nos permita salir pacíficamente, unidos y fortalecidos espiritualmente y como cuerpo social de la terrible crisis ética, moral, social e institucional que hoy amenaza con mantenernos hospedados en el gran hotel del abismo.

Nuestra democracia, la mayor conquista humana sobre la tierra está al borde de la muerte en cuanto que no responde ya a los deseos de la gente. Tanto si se trata de gobiernos que van a la guerra contra la voluntad de los pueblos como si se trata de gobiernos que imponen alimentos transformados genéticamente.

Matamos la democracia cuando la gente no tiene libertad. También digo que la nuestra es una democracia muerta porque se sirve de las “libertades” para aniquilar a las personas. Y cuando esas acciones se impulsan en nombre de la libertad, entonces es una falsa democracia.

Tal como lo simboliza la imagen de este congreso debemos parir nuestra democracia. Una democracia viva es aquella en la que la gente puede tomar decisiones sobre sus vidas e influir sobre las condiciones en las que vive- cómo cultivar sus alimentos, en qué condiciones se producen sus ropas; la libertad de elegir cómo se educan sus hijos; la libertad de establecer las condiciones de acceso a la salud, a la vivienda digna y al trabajo decente y productivo.

Una democracia viva es aquella que afecta a todos los aspectos de la vida, no sólo de la vida humana, porque nos encontramos en un momento de la evolución en el que cualquier libertad de la especie humana debe incluir la de las otras especies, si no nunca tendremos libertad humana. ¿Acaso no fuimos amonestados desde el principio por el Creador a enseñorear sobre todo lo creado?, es decir, ¿a ser Sus mayordomos? Los animales y las plantas también tienen derechos, humanos y divinos, cuya transgresión de de los mismos trae consigo pobreza espiritual y material.

Hace más de 2600 años, el profeta Jeremías dijo: “Y os traje a una tierra fértil, para que comieses de su fruto y de sus bienes; pero entrasteis, y contaminasteis mi tierra e hicisteis mi heredad abominable”.

En una democracia viva los pueblos proporcionan agua, y los ríos muertos reviven, cuando las comunidades actúan conjuntamente y deciden cambiar, del modelo de agricultura química a la agricultura orgánica. Nuestros campos, en una democracia viva, se comprometen a no permitir en sus pueblos los productos químicos, los organismos transformados genéticamente, o la privatización del agua. La agricultura orgánica antes que un instrumento de transformación tecnológica, debe ser un instrumento de transformación social.

En una democracia viva, la gente puede usar diez veces menos agua sólo con usarla de forma ecológica y aprovechando racionalmente cada gota. En una democracia viva, el agua pertenece a todos y se conserva colectivamente porque -al contrario de las explotaciones privadas- la conservación debe movilizar a la comunidad. El agua no se puede conservar de forma individual sino de manera comunitaria.

Como ecologistas y ambientalistas no podemos avalar una supuesta democracia venezolana que ha manoseado más de diez mil millones de dólares, evaporados en cuestión de 11 años, trayendo consigo pobreza, atraso, exclusión, división y una nueva frustración en nuestro pueblo.

No es con debate estéril, de si somos de izquierda o de derecha, que saldremos de esta terrible realidad a la que irresponsablemente nos han conducido dirigentes corruptos e insensatos.

Proponemos para el debate elevado en nuestro país la tesis que hoy discuten las naciones unidas. La tesis de la Ecología Social para enfrentar la dura realidad del presente, ocasionada por la irracionalidad de gobiernos, empresas y sociedad en general. Todos los entendidos coinciden en que la crisis actual es terminal. El desafío no es remediar lo que no tiene arreglo, pero si buscar nuevas alternativas, nuevas formas de hacer política, de legislar y gerenciar los recursos naturales y humanos que poseemos.

Debemos ser más concientes, cambiando nuestra cultura alimentaria, sustituyendo los falsos alimentos y comidas chatarras, por una nutrición equilibrada de forma más natural y enriquecida con vitaminas y minerales. A partir de la manera como se producen, procesan y conservan en el campo, en la actualidad los alimentos, continuarán incrementándose muy rápidamente las enfermedades relacionadas con el desequilibrio en el sistema inmunológico: el mal de Alzheimer, la obesidad y la pérdida temprana de minerales, además de los males del corazón, de Parkinson; como también la disminución del coeficiente intelectual de los niños y adolescentes.

Hace apenas unos días, en Nagoya, Japón, se realizó la 10ª Conferencia sobre Diversidad Biológica, allí se estuvo decidiendo la suerte de la vida. Aunque es un tímido despertar de la sociedad global, 190 países, incluyendo a Venezuela, suscribieron un nuevo acuerdo para frena la desaparición de la naturaleza, el mismo incluye un compromiso para reducir a la mitad la proporción de perdida de especies para 2020.

Las partes firmantes acordaron colocar bajo régimen de protección 17% de las tierras y 10% de los mares y océanos en los próximos 10 años. En la actualidad se protege menos de 10% de las tierras y menos del 1% de los mares. La batalla continuará en diciembre, en México, con la 16ª Cumbre Mundial sobre Cambio Climático, evento al debería asistir una nutrida delegación de venezolanos y venezolanos, para unirnos a la dura lucha que libran los verdes en todo el mundo.

Se está decidiendo si los bosques, si los recursos genéticos, si los conocimientos ancestrales de las culturas primigenias, si la diversidad cultural, si nuestras creencias religiosas, continúan siendo patrimonio de la humanidad, o si serán convertidos en nueva frontera para hacer negocios.

Se han desplegado por el mundo fuerzas militares, así como ejércitos de mercenarios científicos, que a través de nanotecnología, geoingieniería, biotecnología, ingeniería genética, ciencias cognitivas, robótica, nos inundarán de basura con el nombre de fármacos, materias primas, en fin, un nuevo planeta creado en los laboratorios.

Desde Brújula Ecológica, en alianza estratégica con el Centro Internacional de Formación “Arístides Calvani” (IFEDEC), con los distintos niveles de gobiernos y otras organizaciones sociales, trabajamos arduamente por el diseño de nuestra propuesta al país: “Hacia la Venezuela Auto Sustentable”, en la que la agricultura orgánica tendrá un rol preponderante, lo cual es vinculante a la buena salud de los venezolanos y a la generación de trabajos dignos, empleos decentes y verdes, enmarcado en nuestro proyecto de desarrollo sostenible. Sabemos que no es una tarea fácil, y que habrá que ir de la mano con los campesinos y pequeños productores, aprendiendo juntos mientras vamos estableciendo el nuevo modelo agro productivo, garantizando a mediano y largo plazo la verdadera independencia económica y la verdadera revolución verde de Venezuela.

No podemos esperar a que los expertos se pongan de acuerdo para definir el desarrollo sostenible o a que las naciones latinoamericanas se comprometan a implementar estrategias idóneas. Enfrentar las contradicciones ecológicas de los sistemas productivos es una necesidad impostergable.

Los avances en nuestra visión del desarrollo sostenible, marchan paralelos a la creciente receptividad que recibimos en el proceso de construcción de un gran movimiento sociopolítico con visión ecológica y ambiental en Venezuela, que desde su oportuno lanzamiento como el Gran Movimiento Verde venezolano, asuma un compromiso solemne y esencial con las presentes y futuras generaciones de compatriotas, que a gritos le exigen al nuevo liderazgo que emerge, enfrentar los retos de la supervivencia de la humanidad con visión, inteligencia y tenacidad, trascendiendo el modelo cupular, clientelar y autoritario de la partidocracia imperante por uno que garantice la más amplia participación ciudadana en el perfeccionamiento de la democracia o en la invención de un nuevo paradigma, más avanzado y más humano.

Aspiramos que dicha fuerza emergente, se convierta en breve plazo, en la fuerza política popular de Centro Democrático Ambientalista de nuestro país, con la suficiente representatividad como para defender los derechos de todos los ciudadanos a una mejor calidad de vida, en armonía con la naturaleza. Una fuerza popular de Centro Democrático capaz de frenar la vocación autoritaria, totalitaria y militarista del actual gobierno y capaz de representar una alternativa seria, confiable y programática frente a las políticas equivocadas de quienes han conducido hasta ahora el país. Desde este hermoso escenario que nos ofrece el IFEDEC, les invito a trabajar con amplitud y con patriotismo por la construcción de ese espacio de Centro Democrático progresista, renovador e innovador, poniendo por encima de nuestros intereses personales y grupales, los intereses de Venezuela. La tarea de reconstruir la Venezuela post Chávez y su transformación a futuro, tiene que ser necesariamente obra de todos. Nuestro compromiso debe ser con todos los venezolanos, sin discriminación alguna. Especialmente con los niños, con los jóvenes, con las mujeres, con los trabajadores y con todos los sectores con voluntad de cambio.

Los venezolanos hemos demostrado tener muy corta memoria histórica y escaso sentido de pertenencia, valores que debemos rescatar, para no seguir siendo víctimas, de falsos mesías y de los cogollos partidistas, que solo nos han conducido a la oprobiosa dependencia exclusiva del petróleo, dando como resultado gobiernos populistas, clientelares y corruptos, que lejos de planificar la siembra del mismo, tal como lo aconsejó en vida el doctor Arturo Uslar Pietri, han dilapidado inmensas riquezas durante los últimos 50 años, tiempo en que nuestro país ha permanecido estancado, retrocediendo incluso respecto de otros países, que aun con menos potencialidades que las nuestras, hoy nos superan en desarrollo y hasta nos proveen los alimentos que consumimos.

Un aspecto que reviste particular interés en los proyectos para alcanzar el rango de país auto sustentable es la gestión de residuos, la cual deberá orientarse por los conceptos de la producción más limpia. Consecuentemente, debe buscarse en primer lugar la minimización de los residuos que van a disposición final, y en segundo término la disposición adecuada de aquellos desechos que necesariamente se van a producir en la operación o tratamiento de los mismos. Deberán planificarse muy bien las estrategias a implementarse a lo largo de la cadena de gestión para lograr los objetivos planteados. Los ciudadanos no podemos ser ajenos ni indiferentes a estos procesos. De allí la trascendencia de la acción formativa y concientizadora que desde Brújula Ecológica en alianza con el IFEDEC y otras instancias mantendremos desplegadas en todo el país.

Actualmente la mayoría de los líderes en el mundo reconocen el papel fundamental del conocimiento para dar soluciones a los complejos desafíos con los que se enfrentan nuestras sociedades. Economías enteras son valoradas por la inversión que hacen en educación, ciencia, tecnología e innovación. El conocimiento es verdaderamente crítico para transformar estos retos en oportunidades para un desarrollo más sostenible. De allí la plena justificación que tiene el establecimiento en nuestro país de la Universidad Ecológica de Venezuela (UNEV), proyecto en el que estamos embarcados y que presentaremos en su momento ante las instancias competentes, a objeto de solicitar su estudio y aprobación.

Queridos amigos, queridas amigas, el cambio climático es un problema que afecta a todo el planeta. Quizá ya se hayan dado cuenta de que cada vez aparecen más noticias sobre el calentamiento global y de que los líderes políticos de todo el mundo debaten sobre este tema con más frecuencia. Nuestra lucha no ha sido ni será en vano. Debemos prepararnos para los grandes cambios que nos sobrevendrán. El mundo en el que vivimos hoy será muy diferente en apenas unas décadas. Como sociedad no podíamos ser indiferentes ante tan compleja realidad, debemos comprometernos a estar mejor informados y formados para hacer modestas contribuciones desde nuestra posición individual, hasta lograr involucrar a la gran mayoría de nuestra gente en el cambio de actitud que debe producirse, para que juntos podamos alcanzar el anhelado estadio de país sustentable.

No es casual entonces que por sus propios medios y recursos estén todos y todas hoy aquí, a punto de comenzar este 2do. Congreso venezolano de Ecología Social 2010, que dedicamos, así como lo hicimos en la primera edición, a las mujeres del Planeta y en especial a la mujer venezolana. Esta será una experiencia maravillosa, que nos esforzaremos por mantener en el tiempo, a objeto de revisar cada año los logros y metas alcanzadas, así como garantizar el debido seguimiento a los objetivos de mediano y largo plazo que establezcamos en cada encuentro, que irá cobrando en lo sucesivo dimensiones regionales y locales, sin obviar por supuesto lo nacional e internacional.

Es un honor tener como Presidenta Honoraria en esta edición del congreso a una hispanoamericana de excepción, la Dra. Mercedes Diez de Arconada, doctoranda en Derecho y Ecología respectivamente y catedrática de Derecho Ambiental en la ilustre Universidad Central de Venezuela, y contar además con un selecto panel de expositores del más alto nivel, que califican a este congreso como uno de los más importantes del país. Gracias a todos ellos y ellas por acompañarnos.

En nombre del Comité Organizador del Congreso, conformado por un equipo multidisciplinario de extraordinaria calidad humana y responsabilidad social, sin cuyo voluntario aporte hubiese sido imposible llegar a este histórico día, en nombre de ellos quiero darles la más cordial bienvenida a esta segunda edición del congreso, deseando poder servirles lo mejor que podamos para que salgamos de aquí con una visión más amplia y con un compromiso irrenunciable de trabajar por nuestro maravilloso país y por nuestras futuras generaciones. Gracias por ayudarnos a escribir la nueva historia que ellos conocerán.

Que Dios bendiga a Venezuela y a los venezolanos.

Muchas gracias.

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